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El Desastre de la Democracia Representativa

¿La democracia está rota o la estamos usando terriblemente mal?

Nuestra actual democracia nos está llevando directo al abismo. En el mejor de los casos, hacia un estado fallido. Y básicamente la pregunta que debemos hacernos es: ¿el problema son las personas que nos gobiernan o el sistema democrático que estamos utilizando?

Los peores llegan al poder

La democracia actual, básicamente, ha puesto delincuentes y tontos útiles al mando. Lo más preocupante es que la peor gente de la sociedad no está gobernando, y nosotros seguimos repitiendo lo mismo elección tras elección.

La democracia representativa se basaba en que supuestamente elegimos a las personas más adecuadas para tomar las mejores decisiones por nosotros. Pero la realidad es muy distinta, quienes llegan al poder no toman buenas decisiones, ya sea porque son incompetentes o porque son directamente corruptos.

¿Cambiar de gobernantes es la solución?

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Uno de nuestros errores más graves es pensar que, al sacar a un político corrupto, automáticamente llegará otro honesto a reemplazarlo. La historia nos demuestra una y otra vez que esto no funciona así.

¿Qué esperamos al cambiar delincuente tras delincuente, elección tras elección? La cruda realidad es que, si sale un corrupto, suele entrar otro más corrupto, más cínico y más sinvergüenza. El cambio por medio de elecciones casi nunca ha sido positivo para la ciudadanía, para los gobernantes de turno, sí, totalmente.

El problema de fondo: falta de control ciudadano

La democracia sin un control activo por parte de la población es un completo error. No podemos limitarnos a votar cada 4 o 5 años y luego cruzarnos de brazos. Eso no es democracia, es un cheque en blanco.

El verdadero problema no es solo quién gobierna, sino que no tenemos herramientas efectivas para controlar a quienes gobiernan. Los representantes saben que, una vez elegidos, pueden hacer prácticamente lo que quieran durante todo su mandato.

La única salida: NUEVAS REGLAS DE JUEGO

Es hora de cambiar este esquema podrido, y solo hay un camino posible: reclamar por la fuerza un NUEVO SISTEMA. No necesitamos nuevos políticos con las mismas reglas viejas. Necesitamos nuevas reglas de juego que nos permitan controlarlos efectivamente.

El nuevo sistema debe:

  • Hacer respetar la voluntad del pueblo en todo momento.
  • Obligar a los representantes a cumplir lo que prometen.
  • Exigirles resultados concretos, MEDIBLES.
  • Aplicar castigos inmediatos cuando traicionan a sus votantes.

Si un político no cumple sus promesas, debe ser procesado y castigado rápidamente. No podemos seguir aguantándolos 4 o 5 años mientras se ríen de nosotros.

El gran obstáculo: ¿quién aprueba estas leyes?

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Necesitamos leyes que nos permitan revocar y castigar a políticos que hacen falsas promesas. Pero aquí viene el problema evidente: este tipo de leyes jamás serán planteadas por los políticos actuales. El congreso no va a promulgar voluntariamente una ley que los controle a ellos mismos.

Seamos realistas: es probable que esto no se pueda lograr de forma pacífica. Seríamos muy inocentes si creemos que algún político va a establecer voluntariamente un sistema que le quite poder. Como dijera Hoppe:

“No se puede esperar ninguna autorrestricción por parte de los propios gobernantes. El gobierno no puede reformarse a sí mismo desde arriba, porque la esencia del gobierno es ser un monopolista de la jurisdicción y de los impuestos, y ningún monopolista renunciará voluntariamente a su posición de privilegio”.

Democracia falsa

Lo que tenemos hoy es una democracia falsa, sin los mecanismos de control adecuados. Un sistema donde el control a los gobernantes es tan difícil de hacer efectivo que, en la práctica, no se cumple la voluntad popular en absoluto.

No podemos continuar así. La pregunta no es si la democracia está rota, sino si estamos dispuestos a exigir las herramientas para arreglarla. Porque el poder siempre cede cuando el pueblo organizado lo exige con fuerza.

¿Seguiremos eligiendo entre delincuentes o nos animaremos a cambiar las reglas del juego?


¿Tú qué opinas? ¿Crees posible una reforma profunda de nuestro sistema democrático? Te leo en los comentarios.