En gran parte de Latinoamérica estamos regidos por sistemas de gobierno democráticos. Si bien, la democracia1, no es un sistema perfecto, es mejor a lo que había antes: monarquía o dictaduras militares. Esta democracia realmente no ha tenido buenos resultados, puesto que elegimos autoridades para que cumplan la voluntad de los electores, pero ellos faltan a sus promesas y los traicionan.
A esta democracia se le denomina democracia representativa. Donde los ciudadanos, elegimos autoridades que se “supone”, nos representan y hacen lo que la población le desea.
Sabemos —o al menos muchos ya lo intuimos— que el Estado no resuelve los problemas fundamentales de la sociedad. Nos promete orden, salud y seguridad. Pero en la práctica nos da nada de eso, todo lo contrario, solamente corrupción y burocracia.
También sabemos que votar, rara vez cambia algo de fondo. Entonces surge la pregunta incómoda: ¿qué hacemos además de quejarnos?
Quejarse es fácil, lo difícil es plantear y llevar a cabo un plan real que soluciones los problemas.
Vivimos en un país donde defender a la nación se presenta como un valor incuestionable. Desde pequeños nos inculcan frases como “lucha por tu país”, “da la vida por la patria” o “ama lo tuyo”. Nos enseñan que amar a la patria es una obligación moral y que quien no lo hace ocupa el lugar del villano.
Pero vale la pena detenerse un momento y preguntar: ¿a quién sirve realmente esta narrativa?
Por qué las elecciones fracasan Cada cierto tiempo, el mundo se paraliza para ver cómo millones de personas depositan su futuro en un pedazo de papel. Las filas interminables, las banderas, el himno nacional… la escena promete ser el momento cumbre de la democracia.
Sin embargo, pocos meses o semanas después, la población termina decepcionada de sus representantes. Con una profunda sensación de desconexión o, peor aún, de engaño.
La razón por la que los sistemas electorales fallan no es por un error técnico, sino porque su propio diseño contiene defectos estructurales.
¿La democracia está rota o la estamos usando terriblemente mal?
Nuestra actual democracia nos está llevando directo al abismo. En el mejor de los casos, hacia un estado fallido. Y básicamente la pregunta que debemos hacernos es: ¿el problema son las personas que nos gobiernan o el sistema democrático que estamos utilizando?
Los peores llegan al poder La democracia actual, básicamente, ha puesto delincuentes y tontos útiles al mando. Lo más preocupante es que la peor gente de la sociedad no está gobernando, y nosotros seguimos repitiendo lo mismo elección tras elección.